Luz y Sombras

Hace tiempo que tengo ganas de expresar lo que voy a tratar de expresar y espero poder lograrlo. Tengo un montón de agregados en la red, que hablan incesantemente de luz, y veo canalizadores por la red que hablan con vehemencia de la luz de los ángeles y demás entidades celestiales como enganche salvador, y aunque respeto las creencias de todos quiero resaltar que no conozco la vida que no contempla la luz y la sombras, ni la vida que se desentiende de las actitudes cotidianas propias. Es una trampa destructiva ignorar el resultado de las acciones propias y las ajenas, y no entender que todos somos responsables de lo que esta en presencia.

Nos hacemos mayores como civilización y por tanto ceder nuestro propio poder a representantes delegados no nos está dando buenos resultados, y por consiguiente ceder nuestro poder a fuerzas cósmicas no parece tampoco lo más aconsejable. El resultado de nuestra evolución es lo que nos acontece y sin duda todos debemos ver y responsabilizarnos sin huidas y sin tratar de hacer delegación de lo que es nuestra realidad. Sin duda ser observadores de los acontecimientos nos permitirá trascenderlos, lo que no es ausentarnos por derivación, sino ver la respuesta que como individuos podemos asumir en compromiso con el común de los mortales. Por supuesto lo que nos deja en paz no es si hemos respondido a las llamadas de necesidad del resto de las personas bien o mal, sinó el como hemos decidido responder a ellas. Uno en su fuero interno tiene buenos y malos sabores cada día que nada tienen que ver con el resultado sino con la actitud que hemos predispuesto ante la necesidad que hemos reconocido. Al final los buenos sabores nos dejan en paz con nosotros mismos y los malos sabores nos obligan a seguir en la búsqueda de mejores aspectos para aportar al resto.

En ese sentido creo más conveniente ocuparse de lo que nos rodea que pedir ayuda a presencias de conveniencia. He trabajado desde hace muchos años con personas como terapeuta y como guia (me gusta más que couch), y no conozco ningún estado de infelicidad que no tenga que ver con una incompresión de uno mismo en el entorno en el que vive y una falta de respuestas propias sobre lo que acontece. Todas ellas dependen de la observación de uno mismo ante cualquier eventualidad, observación que no podemos hacer si delegamos o tratamos de pedir ayuda en vez de discernir. Al final la velocidad de los acontecimientos nos arrastraría como un tornado por nuestra incapacidad de sentir y fluir con ellos.