Las claves de una vida saludable

La adecuada nutrición brinda por sí sola una perspectiva de vida más saludable. Desde el principio de la existencia del humano, ha habido grandes cambios en la alimentación. Nuestro proceso evolutivo depende en parte de la capacidad que tengamos en este momento de adaptar la alimentación a nuestro estilo de vida. Ya pasamos la fase de primates para consumir solo semillas, alimentos crudos y uno que otro gusano; pasamos también el paleolítico, época en que la alimentación dependía de la caza, la pesca y la recolección, donde los ayunos prolongados, y la gran movilidad eran característicos por ser nómadas. Cada época tiene sus características. En la sociedad actual se come menos en el hogar, se abusa de “comida rápida” (fast food), de alimentos procesados, restaurantes, microondas, edulcorante, conservadores, colorantes y un sinfín de productos que son desconocidos de la naturaleza de nuestro cuerpo. Surge como contraparte el slow food como una propuesta de estilo de vida, Slow Food es la filosofía de la comida que es buena para nosotros, buena para el medio ambiente y para las personas que cultivan, cosechan y la preparan. En otras palabras, el alimento que es bueno, limpio y justo. Excelente propuesta que por ahora solo llega a algunos pocos. 

El hecho de alimentarnos impacta tanto al cuerpo como al planeta. Y para nutrir a millones de humanos alrededor de la Tierra, el efecto es más grave y devastador. El reto está en nutrirnos lo más eficiente para tener el mejor estado de salud posible, con un equilibrio en la producción de alimentos y la conservación del ecosistema, cuidando de las personas involucradas.


Comencemos por el principio, que es incorporar hábitos paulatinamente. Es un proceso además de integral es como capas de cebolla, cada vez profundizaremos más.

  1. Lo primero es respetar los horarios de las comidas. Ingerir alimentos en horarios regulares, permite al cuerpo “poner orden” en la secreción enzimática y hormonal. Suena simple, es “cronobiología de la alimentación” lo que permite sincronizar los ciclos biológicos con la ingesta de alimentos permitiendo así el mayor aprovechamiento de los nutrimentos.
  2. Lo segundo es analizar las combinaciones de alimentos, ya que algunos alimentos son sinérgicos y otros antagónicos, es decir, unas combinaciones potencian los efectos benéficos de cada uno, y otras se anulan o contrarrestan. El cuerpo lo siente en el primer caso como vitalidad y en el segundo caso como letargo e inflamación.
  3. Como tercer punto está percibir “hambre” y “saciedad”. Aprender a sentir nuestro cuerpo es esencial para poder lograr un cambio significativo y permanente. La leptina se secreta cuando hay un exceso de tejido adiposo, inhibiendo así la sensación de hambre, que provoca que se salten comidas, desórdenes enzimáticos, hormonales, y alteraciones metabólicas debido a ayunos prolongados. Al no percibir saciedad, somos capaces de comer en cantidades desproporcionadas. ¿A cuántos de ustedes les ha pasado?
  4. El cuarto aspecto es el agua, ésta también tiene su medida y sus momentos más adecuados para beberla. ¿cómo, cuánto, en qué momento, con qué? Demasiada agua arrastra los minerales del cuerpo, cantidad deficiente provoca deshidratación que se manifiesta como letargo. Hay que beber el agua a sorbos y en cantidades que su especialista recomiende de acuerdo también a su función renal.
  5. El quinto aspecto es el ejercicio, debe ser de acuerdo a las capacidades de cada persona, incluir tanto cardiovascular como ejercicios de fuerza y flexibilidad permiten mayor calidad de vida en todas las etapas de la misma. Por otro lado pasar más de tres horas sentado, disminuye dos años de expectativa de vida.
  6. El sexto punto es el descanso y la capacidad que tenemos para relajarnos y permitir que el cuerpo y la mente se recuperen. Dormir menos de cinco o más de nueve horas genera alteraciones en el biorritmo provocando aumento de peso.


Una vez incorporados estos seis hábitos, podemos empezar a hablar de alimentos...

La elección consciente de los alimentos, es una sabiduría que hay que recuperar ya que de esta depende el bienestar y la salud del cuerpo físico, metabolismo adecuado, nutrición celular y eliminación de toxinas. Es decir, que de los alimentos que ingerimos depende el estado de salud o enfermedad. Como primera objeción mis pacientes me dicen reiteradamente, “de algo me voy a morir”, eso sí, es innegable, pero hay que plantearnos el “cómo”, con qué deterioro, con cuánto gasto de bolsillo y desgaste de los seres queridos. Es más económico en todos los sentidos prevenir enfermedades que tratarlas. Las emociones y la mente también se ven afectadas por lo que comemos. Es importante el equilibrio, por ejemplo; entre alimentos sutiles y densos, si solo consumimos frutas y verduras crudas con algo de especias, el pensamiento volará en ideas fantásticas, y emocionalmente trataremos de aislarnos del mundo. Si por el contrario solo ingerimos productos cárnicos, cereales y leguminosas, será tan denso el pensamiento que difícilmente surgirá una idea o un cambio de creencia y emocionalmente será incapaz de ver más allá de sí mismo. Un extremo u otro son benéficos en distintos momentos de nuestra vida por objetivos específicos.


Por lo tanto, adentrarnos en nuestra alimentación consciente, es una inversión con rendimientos a lo largo de nuestra vida.